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Idea:
Internationalization in Architecture I

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Este texto forma parte del blog que Alfredo Muñoz está desarrollando dentro de su colaboración con el grupo Via. A través de sus post,  Alfredo compartirá las que para él han sido las claves para conseguir la proyección internacional de su arquitectura.

“Internacionalización” parece ser la palabra de moda en la disciplina arquitectónica española del momento. La cruda realidad de la calle nos ha obligado a los arquitectos españoles a mirar al exterior como única vía para la supervivencia. “El viaje” arquitectónico ha dejado atrás su connotación intelectual y formativa para convertirse en un verdadero nomadismo en donde de su éxito depende la supervivencia de la generación de arquitectos más preparada de la historia de España.

Fascinado por la influencia del “viaje arquitectónico” en la obra de Wright, Le Corbusier, Khan, Barragan o Utzon, el destino quiso que, lo que inicié con 23 años de edad en pleno boom inmobiliario español, como una búsqueda intelectual de la arquitectura se haya convertido en el aprendizaje de las herramientas de “nomadismo global”. Tras 11 años viviendo y trabajando en cuatro continentes, y gracias a esos aprendizajes estoy pudiendo desarrollar, en plena crisis y como fundador hace cuatro años de ABIBOO Architecture, proyectos de pequeña y gran escala en diferentes países del planeta.

A lo largo de los próximos meses iré compartiendo en este foro algunas de las experiencias y aprendizajes que hanpermitido reinventarme como arquitecto y como persona. Serán lecciones que han funcionado para mí y el equipo de ABIBOO pero que no tienen porque necesariamente ser el único camino hacia el oasis añorado. Todo viaje por el desierto va asociado a infinidad de piedras en el camino, de sufrimientos y de sacrificios. El camino que compartiré en este blog está más cerca del calvario que del placer por lo que aquellos que busquen la vía fácil para lograr la internacionalización siento comunicar que soy un verdadero desconocido de cómo lograrlo.

Para comenzar me gustaría, en este “post” inicial, clarificar las dos formas diferentes de acercarse a la internacionalización. Ambas son fundamentales para el éxito del una iniciativa de envergadura global.

El primer componente de la internacionalización es el “front-end’, es decir el componente de imagen, marca, de los clientes y de proyectos propiamente dichos. Esta forma de pensar la internacionalización es la más común actualmente y está vinculada a la exportación (lograr proyectos fuera de las fronteras desde donde se opera).

El mundo se ha convertido en plano y con ello la opción de aportar servicios de innovación arquitectónica a diversos países, culturas y formas de pensar. Todas las culturas son diferentes pero también comparten, en el campo arquitectónico, unas necesidades que resumiría en lo siguiente: “solucionar de forma creativa problemas muy concretos y locales, por el menor coste y en el menor tiempo posible de forma que las soluciones aportadas trasciendan en el tiempo y mejoren el retorno de la inversión realizada así como la calidad de vida de aquellos que disfrutan de la Arquitectura Construida”. Como amante de la Arquitectura, creo que es necesario añadir a lo anterior el que “las soluciones propuestas aporten innovación a la disciplina arquitectónica”, aunque lamentablemente a muchos clientes y compañeros este último objetivo nos les preocupa especialmente.

Esta supuesta oportunidad de ofrecer valor a escala global se contradice con otra realidad: el hombre/mujer es un animal social y emocional. Como consecuencia, las relaciones humanas, en plena era tecnológica y digital, siguen siendo la base fundamental en la toma de decisiones. En la arquitectura esto ocurre aún de forma más acentuada ya que la confianza entre arquitecto y cliente es algo necesario previamente a cualquier colaboración: las cantidades de capital asociadas con los proyectos son normalmente elevadas.

Por ello la presencia física y frecuente en todos y cada uno de los lugares donde se busca aportar valor como arquitecto es fundamental. No considero posible lograr exportar sin la existencia de una figura de confianza estableciendo y manteniendo las relaciones que pueden dar lugar a proyectos arquitectónicos de interés.

Como ejemplo, ABIBOO Architecture cuenta actualmente con oficinas y presencia en Madrid, Nueva York y Chennai. Sin embargo el “front-end” de ABIBOO está, además de estas localizaciones, en países como Kuwait, Taiwan o Panamá. Esta oportunidad la logramos mediante la presencia de personas de total confianza que se encargan de movilizar dichas relaciones. Igualmente estamos actualmente estableciendo alianzas estratégicas en Vietnam y Ecuador con el fin de aumentar dicha presencia internacional mediante modelos de asociación con personas locales.

Para el éxito prolongado en el tiempo del “front-end” en la arquitectura es necesario establecer relaciones de calidad de forma local. Para ello es fundamental ser capaz de liderar equipos y personas en diferentes países que sean leales y comprometidas con la visión que la firma de arquitectura representa.

A pesar de la importancia que damos dicha red global, en ABIBOO sabemos que no todos los países donde estamos van a ser exitosos. Aceptar (e incluso esperar) el rechazo y el fracaso como herramienta para la internacionalización es fundamental, tal y como se verán en futuros artículos. Es más fácil que toque la lotería si contamos con muchos boletos así que contar con la probabilidad y la tenacidad como herramientas son virtudes fundamentales en momentos de cambio como los actuales.

El “front-end” es la cara visible de la internacionalización. Sin embargo, la cara oculta del término es el “back-end” y que corresponde con el componente propiamente operacional. Ambas caras son partes indisociables de la moneda y asegurarse una correcta coordinación entre ambas es fundamental.

Thomas L. Friedman (“The World is Flat”) recoge ya en 2005 la idea de que satélites de trabajo localizados en diversos países muy distanciados geográficamente entre sí mediante “outshourcing-offshoring” permite reducir costes y aumentar la velocidad y eficacia en la gestión de los recursos productivos. Según Friedman este nuevo fenómeno democratiza la sociedad re-equilibrando las económicas globales y aplanando el mapa político-económico del mundo.

El autor también sugiere que esta realidad de deslocalización productiva no es opcional sino obligatoria para el éxito. El motivo es que, puesto que este proceso de aplanamiento del mundo permite ahora que un mayor número de individuos repartidos por el mundo pueda realizar el mismo trabajo, es necesario responder a las mismas necesidades con mayor velocidad y eficacia en la gestión de los recursos, algo que, sin recurrir a dichas formas de trabajo es inalcanzable.

El mundo ofrece a nivel cultural y de infraestructura muchas características que son necesarias para satisfacer las nuevas necesidades y que cada vez son más difíciles de cubrir si no están sincronizadas. Todas ellas han de incorporase globalmente al “back-end” para poder satisfacer los requerimientos locales del “front-end”.

En el campo arquitectónico, el rigor técnico anglosajón es difícilmente igualable en el mundo. Tampoco lo es la formación arquitectónica española o japonesa. La capacidad de producción china, la cercanía cultural y creatividad Latinoamérica o la sensibilidad interpersonal del sudeste asiático son todos valores que combinados aseguran un equipo sólido, comprometido y con las mejores capacidades de dar respuesta a los requerimientos de cualquier cultura, de cualquier localización.

Una vez con la infraestructura y el equipo global adecuado es cuando puede darse el salto a la internacionalización en el “front-end”, y no antes. Es aquí el mayor error que cometen muchos arquitectos coetáneos… Aquellos que intentan reproducir un modelo de trabajo clásico en una nueva modernidad están, desde mi punto de vista, destinados a morir exhaustos antes de alcanzar un oasis de paz.

Es el concepto del “back-end” y no el del “front-end” el gran secreto del éxito actual en la externalización de la arquitectura. Personalmente creo que el valor añadido internacional debe estar antes de buscar proyectos a nivel global.

Aunque ABIBOO Architecture cuenta solo con operaciones directas en USA, España e India, nuestro “back-end” también se expande a Panamá, Uruguay y China abarcando el talento y valor añadido de 6 países diferentes. Esto nos permite, manteniendo el enfoque en la Arquitectura y la innovación, ser capaces de reducir costes y plazos de entrega, ya que podemos trabajar casi 24 horas al día debido a los cambios horarios, algo que es muy importante en proyectos de gran escala en países emergentes como es el caso de China o India.

Las formas de trabajo remoto, de comunicación virtual, de creatividad basada en procesos, en generación de ideas por equipos multiculturales están cambiando la forma de diseñar arquitectura, de gestionar las relaciones con clientes, consultores y equipos de colaboradores locales. Estas formas de trabajo son las que permiten una cohesión entre el “front-end” y el “back-end”, entre la realidad local y la visión global.

El estudio de Arquitectura actual lo visualizo completamente atomizado como una nube con sub-nodos tanto de actividad comercial como operacional distribuidos por diferentes lugares pero funcionando con un gran engranaje y coordinación entre ellos.

Para lograr dicha cohesión es fundamental contar con una visión clara y ambiciosa y unos procesos creativos sencillos y audaces que den respuesta a necesidades sociales actuales, cada vez más complejas y cambiantes….